Archivo por días: 23 junio, 2021

Mi escuelita de campo_Año 1960.

Localidad de Villaseca, comuna de Retiro, VII Region del Maule, Chile. _Autora: Eliana Segura Vega

El día lunes antes de las 8 de la mañana caminé a la escuela que estaba a unos 100 metros de mi pensión, La escuela estaba cerrada y tuve que esperar casi media hora para que llegara la directora que al verme allí parada se sonrojó un tanto y al saludarme de paso me recomendó llegar más tarde. No entendí mucho su observación porque casi enseguida hubo toque de campana y todos los profesores llegaron como de improviso.

Vieja escuelita de campo situada a la vera del callejón de aquel poblado; ya quebrantada en su estructura de adobes y tejas con sus 7 salas malavenidas, ventanas pequeñas tapadas con nylon, piso de tierra bastante irregular un largo corredor mirando al caserío y un patio con alambres en su cerco con uno que otro espino. Su aspecto triste no conquistaba a nadie. Pensé que necesitaba al menos un maquillaje.

Me correspondió atender un segundo básico de niños y niñas heterogéneo en edades y niveles pedagógicos. Tengo aún sus rostros en la retina .La mayoría tenía apodos muy originales como el “sapito de rulo” o “ el gato montés ”Desde el primer momento nuestra relación fue de mutua simpatía y entendimiento, tanto que les transmití mi acostumbrada irreverencia frente a las normas; nos despedíamos sin formación con un chao y señales de adioses mientras se alejaban; hecho que molestó a la directora y que me fue molesto también para mí corregir.

A poco andar sugerí cambios que fueron acogidos y dieron resultados como pintar las salas y adornarlas con ilustraciones acordes a las asignaturas, plantar cada curso un pequeño jardín y tenía que ser pequeño porque había que sacar agua de un pozo para regarlo y eso demandaba tiempo y sacrificio. Esto se hizo mediante concursos y con premiaciones cuyos veredictos fueron dados por una comisión representativa de la comunidad integrada por el carabinero, el practicante y la señora encargada del correo con el fin de involucrarlos en los proyectos y necesidades de la escuela y contar con su permanente colaboración.

Fue así que después organizamos juntos unas carreras a la chilena para reunir fondos y hasta una fiesta de la primavera con poeta laureado incluido. Para esta actividad hubo que traer luz del fundo más cercano distante a 1 kilómetro y no fue fácil tirar cables a través de tantos obstáculos.

Lo más ingrato del quehacer escolar era hacer el almuerzo a los alumnos. En ese tiempo no se gozaba de manipuladoras ni menos de alimentos contratados a empresas; el Gobierno del Presidente Jorge Alessandri sólo procuraba leche y un queso rosado que venía en tarros proveniente de Canadá. Cada escuela por su iniciativa buscaba los medios para hacer comida .Recuerdo que salíamos a caballo por los fundos cercanos a pedir limosna de cereales y los niños llegaban con algunas verduras .Entonces prendíamos fogón en una pieza oscura y ahumada y colocábamos un gran fondo para cocer porotos o lentejas,. El arroz o tallarines los conseguíamos en los almacenes de Parral que era la ciudad más próxima. Por supuesto el profesor de turno en su semana no podía hacer clases en forma regular.

Por las tardes después del horario escolar oficiábamos de asistentes sociales yendo casa por casa a prestar colaboración en algún problema de salud, de libretas impagas, de mensajes etc

Pero no terminábamos allí, también en las noches en forma gratuita y con una velita en cada pupitre hacíamos; alfabetización a los obreros de los fundos que en su mayoría no sabían leer ni escribir.Poco tiempo nos quedaba para nuestra vida privada. Yo esperaba ansiosa el correo que llegaba cada tarde en la destartalado micro y que nosotros apodábamos “la civilización” Era toda una ceremonia, la gente se apostaba en la calle y la señora encargada desde las graderías de su corredor voceaba el nombre de las cartas y posibles encomiendas.

LA HORA DE LA SIESTA._AUTORA: ELIANA SEGURA VEGA

A la hora de la siesta, todos dormían menos yo. Mi madrina un poco por castigo y un tanto por necesidad me daba la tarea de arrancar dos sacos de papillas para los cerdos en el potrero allende la casa ,al lado de la quinta de frutales. El sol caía verticalmente y me daba mucho calor, entonces cumplía rápidamente mis deberes y me gratificaba con una enorme sandía que claro, estaba caliente y como no disponía allí de cuchara ni cuchillo la comía a boca: haciéndoseme enormes boqueras Luego me pillaron y recibí un largo sermón porque mi madrina castigaba con la palabra. Entonces cambié de rumbo. Cortaba la papilla y me iba por las barrancas. Allí había humedad y frescura, corría un hilillo de agua y los enormes helechos subían las laderas.

Todo dormía, menos las culebras que a trechos me perseguían por los senderos o entre la zarza cuando me entretenía buscando nidos de  perdices, o de diucas .Creía que reían las espigas de los trigales doblados por el viento y que las ovejas prestaban sus blancos vellones a las nubes.

 No podría olvidar la sensación de placer cuando me tendía de bruces sobre el pasto a escuchar las palpitaciones de mi corazón y el recorrido de mi sangre. Entonces me interrumpía el canto de los pájaros. Descubrí que ellos se comunican con sus trinos. Un pajarito emite su mensaje desde la ramazón de un árbol y el otro le responde melodiosamente escondido en el follaje de otro árbol cercano: después de un rato ambos salen, revolotean, se juntan haciendo círculos en  el aire y se pierden tras la colina como dos enamorados.