Algunos otros poemas de Elicura Chihuailaf

LA LLAVE QUE NADIE HA PERDIDO

La poesía no sirve para nada, me dicen

Y en el bosque los árboles se acarician

con sus raíces azules y agitan sus ramas

al aire, saludando con pájaros la Cruz del Sur

La poesía es el hondo susurro de los asesinados

el rumor de hojas en el otoño, la tristeza

por el muchacho que conserva la lengua

pero ha perdido el alma

La poesía, la poesía es un gesto, el paisaje

tus ojos y mis ojos, muchacha

oídos, corazón

la misma música. Y no digo más, porque

nadie encontrará la llave que nadie ha  perdido

Y poesía es el canto de mis antepasados

el día de invierno que arde y apaga

esta melancolía tan personal.

PARA SANARTE VINE, ME HABLÓ EL CANELO

Para sanarte vine, me habló el árbol sagrado

Ve y recoge mis hojas, mis semillas

 me está diciendo

De todas partes vinieron tus buenas machi

  mis buenos machi

desde las cuatro tierras, desde las cuatro aguas

mediaremos, me están diciendo sus poderes

en tus nervios, en tus huesos, en tus venas

¿O deseas acaso abandonar a nuestra gente?

Elevaré mis rogativas, le digo

Ay, mis pensamientos se apartaron

 de los apacibles ríos de mi corazón

Piedra transparente será éste, por mí, dijiste

Oo Ngvnechen, envíame tu aliento

tu resollar de aire poderoso

Este va a ser cantor, dijiste, entregándome

 el caballo azul de la palabra

Hasta la tierra de arriba llegará en sus sueños

confundiendo al mensajero de sus enemigos

Me oirá cuando hable desde la savia

de las plantas y de las flores. Así dijiste

Mas yo quise olvidar el consejo de las Ancianas

 y de los Ancianos

por eso estoy enfermo ahora

Mis pensamientos se alejaron

de los apacibles ríos de tu corazón

Mírame, estoy soñando que he subido

 por tus hojas

La cascada azul de la mañana vino a mojar

 mis labios con sus aguas

Subí, subí con ellas, pero me sujetó

 el murmullo de los peces

Caminé luego sobre el aroma de los bosques

Después baile. En él estaba colgado mi poder

Las buenas visiones y los buenos sueños

lo rodeaban

Lloré entonces, lloré, abrazado

 por el espíritu de mi canelo.

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